La Virgen de Betharram

El nombre Betharram proviene del bearnés y significa “bello ramo”. Su origen está ligado a un milagro ocurrido a orillas del río Gave, que atraviesa el sur de Francia.

La tradición cuenta que una niña, mientras juntaba flores junto al río, cayó al agua y estaba a punto de ahogarse. Entonces se le apareció “una blanca Señora”, la Virgen María con el Niño Jesús en brazos, quien le tendió un ramo para salvarla. La niña logró ponerse a salvo y, en señal de agradecimiento, colocó a los pies de la Virgen un bello ramo.

La Congregación del Sagrado Corazón de Jesús de Betharram, fundada por San Miguel Garicoits, tomó su nombre del santuario que se construyó allí en honor a María porque en la Virgen encontró un modelo de vida y de entrega. María, con su disponibilidad total al plan de Dios, es el ejemplo perfecto del espíritu betharramita: responder con generosidad y confianza diciendo “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”.

San Miguel Garicoits

San Miguel Garicoits nació en 1797 en Ibarre, Francia. Desde muy joven mostró una gran vocación sacerdotal, marcada por la obediencia, la humildad y la entrega total a Dios. En 1837 fue nombrado Superior del Colegio de Betharram, donde fundó la Congregación de los Padres del Sagrado Corazón de Jesús de Betharram.

Su vida y su obra se resumen en la cita bíblica que lo inspiraba: “Aquí estoy”, que expresa su actitud de disponibilidad total ante Dios y el servicio a los demás. Fue canonizado por la Iglesia en 1947 y hoy es recordado como un sacerdote que formó comunidades vivas al servicio de la fe, la educación y la misión.

Cada 14 de mayo, la Iglesia celebra su fiesta litúrgica, y para toda la familia betharramita esta fecha es muy importante, porque es ocasión de renovar el compromiso de vivir según su carisma: la disponibilidad generosa y el amor sin reservas al estilo de Jesús.

Jóvenes Betharramitas

Los Jóvenes Betharramitas forman parte de nuestras comunidades, inspirados por el carisma de San Miguel Garicoits. Son chicas y chicos que, desde distintos lugares, buscan vivir su fe con alegría, compromiso y espíritu de servicio.

Durante el año, se reúnen en sus parroquias, colegios o comunidades para compartir la vida, formarse, acompañarse y crecer en el seguimiento de Jesús al estilo de Betharram.

También participan de espacios comunes que fortalecen los vínculos y la experiencia misionera, como la Misión de Verano, Pascua Joven y el ENJUMITA, donde se encuentran jóvenes de distintas comunidades para celebrar la fe, servir juntos y renovar su compromiso con el Evangelio.